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EL PARQUE CALERO
El
parque del barrio de la Conce, es el Calero. Un frondoso respiro de
plátanos, castaños, mimosas, alguna palmera, algún magnolio joven, y
grupos de pinos supervivientes de aquel campo polvoriento que
fue no
hace tantos años. Pequeño para un barrio tan populoso, no llega a siete
hectáreas. Para que se haga una idea: tardará en rodearlo unos 15
minutos andando a paso de llegar tarde al trabajo. Si lo atraviesa con
pasito de llevar al niño a la guardería tardará el doble y si pretende
ensimismarse o quedar con una novia/o... mejor piense en otro
lugar.
El parque Calero no es solitario. Cuenta con una fuente,
por supuesto; con bancos y juegos para niños, claro; un cine de verano
—en obras ahora que es verano...— pero sobre todo hay gente, siempre
hay gente.
Por la mañana, casi de madrugada, los deportistas
corren, andan, se saludan y a veces pegan la hebra... Les llaman los
madrugandantes.
Durante todo el día llegan los perros paseando a
sus amos, mientras los jóvenes juegan en la cancha de baloncesto, y los
muy adultos en la de petanca.
Por la tarde y noche multitud de
mesas, que los bares plantan en la acera de Virgen de Nuria, se llenan
de cervezas y tintos de verano para los vecinos que disfrutan de
charla, pincho y sombra.
¿El mejor momento? Cuando muy temprano
empieza a llegar el sol por José del Hierro o, al contrario, cuando ya
se va y el cielo rojo es el telón de fondo de la Avenida Donostiarra.
En esos momentos no hay coches. Los pájaros han podido más.
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LOS HOMBRES QUE NO AMABAN A
LAS MUJERES,
LA PELÍCULA
Tenía
intención de no decir
ni una palabra de Millenium, las novelas de Stieg
Larsson, hasta que no leyera la tercera entrega y tuviera que sollozar
rotundamente por esas otras siete que nos ha robado el destino. Claro
que al escritor le ha quitado la vida. Por esta causa me voy a ceñir a
la película.
Fui al cine con cierta
prevención, sabiendo que nunca
podría ser lo mismo y dudando de que el resultado me dejara sin
aliento, como así pasó con el primer volumen. Dicho lo dicho he de
alentar el ir a verla.
¿Pegas? Puede haberlas para
los
ortodoxos, esos que quieren que todo se haga tal cual se ha escrito,
pero no para mí, pues pienso que aunque la película esté basada en una
novela, hay que dejar manga ancha a director y guionista para ciertas
licencias. Desde luego no puede resumir cerca de setecientas páginas en
dos horas y media —metraje que va en alta velocidad, mantiene en vilo y
no permite apenas respirar—. Resumiendo: un atractivo trabajo, unos
actores solventes y creíbles —superlativa Noomi Rapace, en el papel de
Lisbeth Salander, ¡hasta anda como ella!, según la describe Larsson—; a
pesar de que no aparezcan una serie de temas importantes —por ejemplo:
la inmundicia y el fascismo que muchos suecos guardan debajo de sus
alfombras—, la película es un ente en sí misma, con vida propia,
intriga a tope y crítica total a los abusos sexuales y malos tratos
contra las mujeres.
Si alguien tiene algo que
decir que
hable-escriba ahora, o vaya al cine y calle durante la sesión. Buena
tarde o noche. Aquí nos encontrareis para las controversias.
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Ha muerto Mario Benedetti.
Tenemos su poesía, sus escritos, sus cuentos y su
vida.
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Otro barrio es
posible, si queremos
Sólo pintando los edificios del
barrio tal cual aparece en las fotografías, el cambio sería abismal y,
sobre
todo, participaríamos en la toma de decisiones de nuestra comunidad y
nos
acercaría a Europa mucho más. En Berlín, Ámsterdam… y en otros muchos
lugares, han rehabilitado las casas y pintado sus fachadas con colores
vivos
conjugando lo estético con lo ecológico. Finalidad importante para
conquistar una vida
sana.
¿Por qué no instauramos las
placas solares en nuestros tejados si España es uno de los países con
más
horas de sol? Pensémoslo: ahorraríamos en electricidad y disminuiría la
contaminación. Enviadnos vuestras propuestas y no lo olvidéis: «Otro
barrio
es posible, si queremos». Y lo queremos, ¿verdad?
Para recoger cualquier propuesta que se os ocurra
para el barrio, enviadlo al correo: laconce@reciclamentes.com
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Fuero
Interno
Un
territorio de lindes tan imprecisas que ni siquiera aparecen en los
mapas, sólo cuenta con un único habitante: usted mismo. Usted
es el Emperador de su Fuero Interno. Y también el súbdito. Tiene la
potestad de dirigir, ordenar, crear, decidir sobre todo lo que su
imperio abarca, desde el clima hasta los sentimientos. Puede abolir la
tristeza o mantener una guerra, pero únicamente usted mismo gozará o
sufrirá con ello. No importa lo que suceda en los otros que puedan
existir fuera de sus fronteras con sus propios emperadores súbditos.
Por raro que parezca ellos habitan en el ayer o en el mañana y la única
ley válida para todos es que sólo es posible encontrarse en el ahora.
El Mendigo
Si un día llama a tu puerta un mendigo que te dice:
soy tú, no cometas la equivocación de creer que te está engañando sino
que, por el contrario, franquéale el paso, otórgale tu hospitalidad y
alójalo en la mejor habitación de la casa; ha recorrido el mundo
buscándote para hacerte entrega de tu riqueza.
Rafael Argullol. El
cazador de instantes
Me llamaron loco y yo les llamé locos; y entonces,
maldita sea, me ganaron por mayoría.
Nathaniel Lee
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Regálese cinco minutos, tiene el resto del
tiempo para estresarse
Ojos cerrados.
Siéntase cómodo, la espalda apoyada, las palmas de
las manos hacia arriba...
Respire desde el
vientre, así... una respiración completa... Relax .
Tome aire por la nariz
y... suelte... Relax.
Tome aire... mano sobre
el ombligo, sienta cómo flota sobre un
líquido cálido... Relax... Relax... cómo una fuerza le empuja
hacia un paso estrecho... no se resista... Aguante... Mano en el
ombligo y... Relax... Relax... y espire sin miedo... Ya sacó la
cabeza... Relax... sin
ningún miedo...
Tome aire y... lleve la
mano sobre el diafragma, sobre todas las tardes que al volver del
colegio estaba solo en casa, sin nadie más. Mantenga
el aire ahí, más... más y... suelte sobre ese agujero... Relax... Las
deja ir... Las tardes se van... Usted no es esa soledad.
Tome aire por la nariz
y centre su atención ahora en su espalda; Relax... Respire y suelte el
aire sobre los dos suspensos que le hicieron abandonar la carrera y...
Relax, relax... ese nudo entre los dos omóplatos... Relax... Usted no
es esa frustración... Relax...
Una
vez más tome aire, una inspiración por la nariz... Sienta el cuello y
los hombros y... la amenaza de despido que lleva sobre ellos... Aguante
la respiración y... suelte... despréndase del miedo... Así... Relax...
Usted está seguro sobre la Tierra... Relax, relax... Nadie le puede
quitar lo que es suyo por naturaleza... Relax...
El
aire... entra... sale... Usted está seguro... escuche a su
respiración... Ahora es tranquila... Su cuerpo relajado... Flota en el
líquido cálido del Universo... Relax... relax... La respiración le
mantiene en el Universo... es el cordón umbilical que le mantiene unido
al Universo... relax... relax... El aire entra y sale... Mientras
respira... mientras se da cuenta de que respira... nadie le puede
expulsar del Universo...
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Y
llega la madrugada... eterna

Según
los entendidos, Antonio Vega, el cantante pop más grande de los últimos
tiempos, se ha pasado la mayor parte de su vida jugando con lobos.
¿Estaba predestinado a morir joven? ¿Le importaba un pico estar sano y
ser consciente de cuanto se cocía a su alrededor? ¿Por qué genera ese
malditismo la noche, la música, las drogas y el rock and roll?
Dicen
los que se sirven de ellas (de las drogas) que se ven luceros en las
mañanas y las corcheas y semicorcheas se anudan las unas a las otras
conquistando el mundo de los versos. En ellos anidan los miedos, la
locura y ese antiguo deseo de tocar el cielo con las yemas de los
dedos, mientras una canción se mete en las entrañas hasta el tuétano.
¿Se
escribe desde las vísceras cuándo las sustancias las están regando? Qué
duele: ¿perder al poeta o al cantante, al amigo o al hermano; o temer
por el propio destino?
Antonio
ya no podrá escribir los versos más tristes esta noche. Ni tampoco los
más encendidos. Sin haberse dado cuenta, o ¿era consciente?, ha dejado
una orfandad galopante con hambre de su voz y presencia. Buen viaje,
Antonio; no dejes de cantar a los ángeles caídos.
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